Trump amenaza Groenlandia y Europa ya no se ríe
Groenlandia en la mira de Trump y hoy nadie se rie. Hasta hace poco, las señales parecían anecdóticas. Incluso el año anterior, cuando Donald Trump Jr. aterrizó en la enorme isla ártica a bordo del avión presidencial o cuando el entonces vicepresidente J. D. Vance apareció con una parka durante una visita relámpago, el tono estadounidense rozaba la burla. Sin embargo, ese clima ha desaparecido por completo.
Los líderes europeos han comenzado a tomarse muy en serio las advertencias provenientes de la Casa Blanca. El martes, varias capitales reafirmaron públicamente la soberanía de Groenlandia y el control legítimo de Dinamarca sobre su territorio autónomo, dejando claro que las amenazas del presidente estadounidense ya no se perciben como simples provocaciones retóricas.
Estados Unidos va totalmente enserio
Este giro no sorprende. Tras la operación en Venezuela, la administración Trump se mueve con una confianza reforzada y una narrativa cada vez más expansiva. Desde Washington se proyecta la idea de que todo el hemisferio occidental entra dentro del dominio estratégico de Trump. Incluso su principal asesor, Stephen Miller, dejó claro en CNN que Estados Unidos no piensa regirse por normas tradicionales, sino por lo que describió como las “leyes de hierro” del poder y la fuerza.
Groenlandia: una joya estratégica imposible de ignorar
El argumento central de Trump sostiene que Estados Unidos necesita Groenlandia por razones de seguridad nacional. Aunque el tono y las formas resultan alarmantes, el valor estratégico de la isla es innegable. Desde hace décadas, Groenlandia ocupa una posición clave en el Atlántico Norte y ha sido históricamente un punto neurálgico para el control de rutas marítimas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la isla dio nombre a la temida Brecha Aérea de Groenlandia, una zona fuera del alcance de la aviación aliada donde los submarinos nazis causaron estragos en los convoyes. En cualquier conflicto moderno de gran escala, quien controle Groenlandia tendría una ventaja decisiva sobre las rutas del Atlántico.
Además, ya existe una base militar estadounidense en el territorio, integrada en los sistemas de alerta temprana para detección de misiles. Ocho décadas después del conflicto mundial, Groenlandia vuelve al centro del tablero, esta vez agravado por el deshielo, que abre nuevas rutas marítimas y despierta intereses globales.
Tanto China como Rusia entienden esta realidad tan bien como Trump. Sin embargo, la gran fisura del planteamiento estadounidense es evidente: Estados Unidos no necesita poseer Groenlandia para reforzar su presencia militar. El territorio pertenece a un miembro de la OTAN y ya existen tratados que otorgan amplias facilidades logísticas a Washington.
Recursos, poder y ambición sin intención de compartir
Groenlandia no solo es estratégica desde el punto de vista militar. También alberga yacimientos de petróleo, gas y minerales de tierras raras, recursos clave para las tecnologías y armamento del futuro. A medida que el hielo retrocede, la explotación de estos depósitos resulta cada vez más viable.
Si la prioridad de Trump fueran únicamente estos recursos, tanto Dinamarca como las autoridades groenlandesas han manifestado disposición a acuerdos de asociación. Sin embargo, no existen señales de que el presidente estadounidense esté interesado en compartir beneficios. Al contrario, su discurso recuerda al de los mandatarios expansionistas del siglo XIX, obsesionados con la adquisición territorial y el uso de aranceles como arma política.
Este enfoque se refleja incluso en lo simbólico. Aunque en la base estadounidense ondea la bandera danesa junto a la estadounidense, figuras cercanas a la administración han difundido imágenes de Groenlandia completamente cubierta por los colores rojo, blanco y azul. El mensaje es claro: no se trata de cooperación, sino de control.
De la retórica imperial al ejercicio del poder
En los últimos días, el mundo ha sido testigo de un cambio profundo. La afirmación de Trump de que estaba “dirigiendo” Venezuela tras la captura de Maduro sugiere que ha pasado de un imperialismo discursivo a uno práctico. El anuncio de que Venezuela entregaría hasta 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos, bajo control directo de Trump, intensificó el temor internacional.
Este nuevo enfoque coincide con la obsesión del presidente por su legado físico y simbólico. Desde proyectos arquitectónicos monumentales hasta la intención de dejar su nombre grabado en instituciones históricas, Trump parece decidido a ser recordado junto a figuras como Thomas Jefferson o William McKinley, ambos asociados a grandes expansiones territoriales.En ese contexto, Groenlandia aparece como la pieza definitiva.
No obstante, la idea de que Estados Unidos pueda convertirse en una amenaza directa para un territorio europeo resulta perturbadora. Durante décadas, el principal riesgo para la OTAN parecía provenir de Moscú o Pekín, no de su miembro más poderoso.
Asi se labra el Petróleo en Venezuela, con su mechurreo ardiendo a un lado
Tal vez esto te interese:
- All Posts
- Back
Las redes sociales explotan. Noticia recogida de diversas fuentes periodísticas con una misma visión y titulares como “Groenlandia en la mira de Trump” alertan a Europa!
Mira este ejemplo 👉👉👉
- Alerta Viral
Europa, alarmada y atrapada en un desequilibrio de poder
Aunque no existen indicios inmediatos de una acción militar, el simple hecho de que la Casa Blanca no descarte el uso de la fuerza ha encendido todas las alarmas. El propio Wall Street Journal reveló que Trump sigue interesado en comprar Groenlandia, pese a que Dinamarca ha reiterado que no está en venta.
Los líderes de Francia, Alemania, Italia, Polonia, España y el Reino Unido respaldaron públicamente a la primera ministra danesa, subrayando que Groenlandia pertenece a su pueblo. Canadá también anunció el envío de una delegación de alto nivel, consciente de las implicaciones geoestratégicas del conflicto.
La paradoja es evidente:
Europa depende de Estados Unidos para su defensa, lo que otorga a Trump una ventaja enorme. Militarmente, nadie cree que Groenlandia pueda resistir una intervención estadounidense. Sin embargo, cualquier intento de tomar la isla por la fuerza destruiría la OTAN y rompería el eje de seguridad occidental construido desde la Segunda Guerra Mundial.
Más allá de lo militar, el resentimiento crecería. Dinamarca ha pagado un alto precio humano apoyando operaciones lideradas por Estados Unidos en Afganistán e Irak. Tratar a aliados históricos como adversarios potenciales tendría consecuencias duraderas.
Un futuro incierto para Occidente
La compra de Groenlandia, aun sin recurrir a la fuerza, parece extremadamente compleja. Requeriría aprobación del Congreso, negociaciones con la Unión Europea y cifras astronómicas difíciles de justificar ante contribuyentes que enfrentan problemas básicos como vivienda y salud.
Detención de Maduro vista en Directo por Trump
Algunos líderes estadounidenses confían en que la retórica de Trump se modere antes de causar un daño irreversible. Sin embargo, la Casa Blanca actual parece avanzar en sentido contrario, cada vez más beligerante tras su victoria en Venezuela.
En este nuevo escenario, Europa observa con inquietud. El equilibrio transatlántico se tambalea y la pregunta ya no es si Trump habla en serio, sino hasta dónde está dispuesto a llegar.
























